José Pékerman elegido el personaje del año por el diario EL TIEMPO

Muy pronto su estilo fue símbolo de seriedad y del éxito. Con discreción y cortesía, con trabajo.

Este año, el personaje del año en Colombia es un argentino. Como lo será en muchos otros países del mundo, supongo. Incluso en la Argentina, donde todos los años, claro, el personaje del año suele ser un argentino. Solo que el nuestro, sin hablar tanto, sin cargar a ningún niño, sin bendecir a nadie desde el balcón, obró un milagro de verdad: le devolvió la fe del fútbol a Colombia, y puso a su Selección en el Mundial luego de una agónica sequía de 16 años con sus días y sus noches.


Habrá quien diga que en un país como el nuestro, donde hay tantos problemas, es una exageración que el fútbol llegue a ser tan importante y trascendental. Y sí, es una exageración. Pero es que esa es otra de las virtudes del fútbol, y acaso una de las razones por las cuales es tan importante y trascendental para nuestro país, y para muchísimos otros en el mundo entero: por las pasiones que desata; por las exageraciones y lealtades que inculca y autoriza.

El fútbol es un acto de fe –a favor o en contra: no hay religión sin descreídos– que se renueva en el corazón del hincha con cada partido y cada gol, cada jugada magistral e inolvidable, cada balón dividido que es el mejor resumen de la vida.Y aunque Colombia no haya sido nunca una gran potencia futbolera y nuestra tradición no sea tampoco la más rica ni la más famosa, acá también le rezamos a la pelota, por qué no.(Vea el especial de los personajes del año)

Hay un hecho inquietante, con respecto a nuestro fútbol, que quizás ya algún sociólogo debe de haber estudiado en serio, hasta el fondo. Algún sociólogo o algún adivino. Me refiero a que aquí, desde hace mucho, la Selección Colombia ha sido el único “proyecto de nación” (como dicen) que ha funcionado de verdad, por absurda y superficial que parezca la hipótesis. Lo que no lograron entre nosotros ni la política ni la guerra, lo logró muchas veces el deporte.

Por eso José Néstor Pékerman es el personaje del año en Colombia. Porque llegó a trabajar con discreción, sin conceder con las presiones y las truculencias de siempre. Porque muy pronto su estilo fue el símbolo de la seriedad y del éxito, y porque encontró por fin un equipo, sacando lo mejor de cada uno de sus jugadores. Porque ganó los partidos que tenía que ganar y remontó los que tenía que remontar, cosa increíble aquí, y lo hizo con la mejor estrategia: con su manera de ser y de jugar.

No son pocos los que creen que este técnico entrerriano es el mejor de América, o uno de los mejores. Y lo demostró cuando dirigía los equipos juveniles de la Selección Argentina, con los que ganó tres mundiales: en el 95, en el 97 y en el 2001. Luego, en el 2004, se hizo cargo de la Selección de mayores, y con ella fue al Mundial del 2006 en Alemania: una Argentina ordenada y promisoria que salió por penaltis en cuartos de final, perdiendo contra el local. Fue él el secreto gestor de la primera convocatoria de Messi a una Selección de su país.

José Pékerman nació en Villa Domínguez, en la Provincia de Entre Ríos, el 3 de septiembre de 1949. Descendiente de una familia de judíos ucranianos, su papá lo llevó muy pronto (a los tres meses) a vivir en el sur: en el Puerto de Ibicuy, donde el tren desembocaba en el Río Paraná para que los turistas cruzaran en barco a la otra orilla. Cuenta el periodista Ignacio Turín que allí pusieron un bar los Pékerman: el padre y la madre, Óscar y Raquel, y los dos niños: Luis y José, que no hacía más que jugar a la pelota. Luego, buscando un mejor destino, se mudaron a Buenos Aires.

Un día, en sus años de juventud, Pékerman enfrentó con el equipo de su barrio a la 7ª división de Argentinos Juniors. Ese día le ofrecieron entrar al club de La Paternal, y dijo que no porque primero estaba el estudio. Su papá, que debía de ser un hombre sensato, lo convenció de lo contrario, y así empezó a entrenar con el equipo en el que debutaría en primera, el 21 de agosto de 1966: casi 9 años estuvo allí el aguerrido mediocampista, hasta 1975 cuando lo vendieron al Medellín.

La historia se ha contado muchas veces desde que volvió a nuestro país, ahora como técnico de la Selección Colombia: Pékerman jugó en el Medellín hasta 1978, cuando una lesión en la rodilla, una sombra que venía arrastrando desde los días finales de Argentinos, lo sacó para siempre del fútbol profesional. Aquí nació su primera hija; aquí le dijeron en el equipo que se recuperara, que siguiera cobrando su sueldo. Dice Luis Fernando Afanador que no lo hizo porque hacerlo habría ido en contra de sus principios, y entonces se fue.

De regreso en la Argentina, Pékerman vivió el Mundial de ese año manejando un taxi por las calles de Buenos Aires, mientras en los estadios la gente gritaba los goles de la Selección: una Selección en la que él mismo habría podido jugar si otra hubiera sido su suerte, y que fue campeona el 25 de junio de 1978, no exenta de polémicas y suspicacias.Él, mientras tanto, recogía pasajeros en su Renault 12, pues ningún trabajo es deshonra. Al contrario.

Este año el personaje del año en Colombia es también un argentino. Con su sonrisa y su cara de Roger Waters. El nuestro se llama José Pékerman e hizo un milagro de verdad.

(Lea también: la carta de Pékerman a los colombianos)

Tomado de ELTIEMPO.COM
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