Así es un entrenamiento con Pekerman y su Staff

José Pékerman es el que lleva todo el peso en Colombia de la responsabilidad de una clasificación a un Mundial, pero es el que menos se siente en el sitio de concentración, en el bus que parte todos los días hacia el entrenamiento y en el campo de juego cuando ya el equipo está en plena práctica.

Quien no conozca el manejo de la Selección diría que los que mandan son Pablo Garabello, Néstor Lorenzo, Eduardo Urtasun o Patricio Camps. Pero no. Ellos son argentinos como Pékerman, pero hacen parte del 'staff' de colaboradores o asesores.


Imparten instrucciones a diestra y siniestra, ordenan trabajos tácticos, pegan un grito si es necesario para cambiar de ejercicio, hablan repetidamente con los jugadores, reparten los petos y hasta organizan los equipos cuando se va a hacer un 'picadito' de fútbol.

Mientras tanto, Pékerman parece imperturbable. Se le ve tranquilo. Camina como cansado y sus recorridos dentro del terreno de juego, en pleno movimiento, son más bien cortos.

Casi siempre se ubica en la mitad de la cancha. Antes de cada inicio de ejercicios, se mezcla con los jugadores y con sus colaboradores en un abrazo para la tradicional oración.

Después todos toman posiciones y él se queda solitario, siendo su única compañera una tableta en la que anota las opciones de esquemas tácticos a utilizar, los nombres de los jugadores, los movimientos que deben hacer y, sobre todo, el posible planteamiento que le puede presentar el rival de turno en la eliminatoria.

“Quien lo ve ahí como muy callado, pero no deja nada al azar, es un hombre que estudia todo el que haya que estudiar para sacarle ventaja al rival”, dice un miembro del 'staff' de colaboradores que pidió reserva de su nombre “porque al ‘profe’ no le gusta que uno hable de los detalles de la Selección”, asegura.

Aunque no participa de manera activa en los entrenamientos, está al tanto de todo. Se acerca a uno de los arcos para ver el trabajo de definición que hacen los delanteros y volantes bajo la orientación de Patricio Camps, exmediocampista de Vélez, y camina unos 60 metros para ir a otra zona donde los defensas hacen movimientos tácticos gracias a los consejos de Néstor Lorenzo, exzaguero de la selección argentina.

Pékerman da una que otra instrucción, sobre todo cuando ve algún movimiento errado de los defensores o una definición fallida de los atacantes.

Al cabo de unos minutos el trabajo termina y mientras los jugadores hacen sus acostumbrados estiramientos en un sector del campo, a Pékerman lo rodean todos sus asistentes para darle un informe sobre lo que se hizo durante la jornada con los 27 jugadores.

Es más un trabajo de retroalimentación porque allí, en la mitad del campo, se lanzan ideas y conceptos, y se calibra el estado físico, futbolístico y anímico de los jugadores, lo que sirve de base para la jornada del día siguiente.

Luego la plantilla va a un sector para hidratarse. Ese es el tiempo que Pékerman aprovecha para hablar individualmente con los jugadores. El turno el miércoles fue para Darwin Quintero, a quien abrazó como si fuera un hijo y durante varios minutos le habló mirándolo a los ojos y gesticulando insistentemente con su mano derecha.

Al cabo de unos minutos el grupo aborda el bus rumbo a la concentración. Allí el técnico se ‘pierde’ literalmente porque se refugia en su habitación para repasar los apuntes del día y para ver los recientes videos de Chile con el fin de pasarles luego la información a sus jugadores.

Esa es la rutina de un hombre muy frío, pero calculador. De una persona en quien reposa una gran responsabilidad: nada menos que la esperanza e ilusión de todo un país por ver cumplido el sueño de la clasificación al Mundial de Brasil.

Fuente: elpais.com.co