Opinión | ¿24 equipos en la Liga colombiana?

Según comenta el periodista Jaime Orlando Ascencio en su columna de ‘El Tiempo’, en la Dimayor “comienza a cocinarse un nuevo adefesio: una liga de 24 equipos”.

Al parecer, los directivos del Fútbol Profesional Colombiano se mantienen en su idea de hacer que el América regrese a la primera división lo más pronto posible, cosa que se entiende viéndolo como un negocio. Los escarlatas han hecho parte fundamental de la historia del fútbol en Colombia, pero una cosa es subirlos a la fuerza y otra muy diferente que lo hagan por merito propio, por estar a la altura de la ‘A’.

Esta idea de los 24 se suma a los cuadrangulares de ascenso de enero de 2015, donde se hizo un torneo en el que solo participaban los 8 equipos grandes que estaban en la B con la posibilidad de que 2 de ellos subieran de categoría y así completar 18 equipos, el América no lo logró y Cúcuta y Cortulúa aprovecharon el desorden para lograr su cupo.

No parece buen momento para hacer ese tipo de revolcones en el FPC. Hay que tomar como ejemplo los errores cometidos por uno mismo, o las experiencias vividas por los demás. Es el caso de Argentina, donde quisieron hacer un torneo de 30 equipos, divididos en dos grupos de 15 para darle mayor cabida a los chicos y ponerle un plus a la competencia, hoy se ve un fútbol de muy bajo nivel. Nada que ver con lo que era antes el torneo Argentino.
Ascencio se pregunta en su columna “¿cuáles serían los cuatro equipos que subirían a la brava?”, y se responde, “Pues cuatro de los históricos: América, Quindío, Magdalena y Cúcuta. Claro, contando con que Pereira y Real Cartagena asciendan. ¿O creen que estos dos “socios clase A” se van a aguantar otro año de ‘canazo’ en la B?”. Pues subir, por subir, no vale la pena. Poner en primera categoría elementos que están en segunda no va a hacer que en primera el nivel se incremente, por el contrario, y como hemos visto en Argentina, disminuye.

Pero además el problema no solo sería de la A, la B tendría que ser modificada de manera importante para evitar su hundimiento inminente. Los cambios no se pueden hacer a la fuerza y menos cuando están implicados tantos factores, hay que poner en una balanza los pros y los contras para ejecutar una idea como esta.

No se debe arriesgar lo poco que se ha construido en tantos años por una situación especifica, por el contrario, hay que fortalecer lo que se ha hecho medianamente bien. Según comenta el columnista: “Así empezó a gestarse el famoso triangular de Cartagena en el 2001, en el que salvaron a Bucaramanga y, de paso, jalaron hacia arriba al Unión. Y así también se armó el ridículo del año pasado… Nuestros dirigentes son felices copiando lo malo. Y pueden terminar acabando de tirarse el nivel de la Liga y dándole un golpe mortal a la B”.

De esta forma, no parece bien que por salvar a uno que otro miembro, que interesa más que los demás, se ponga en riesgo la integridad de la mayoría de los demás miembros. Amanecerá y veremos qué decisión toman los directivos de la Dimayor.